El antiprogresismo disciplinario que heredamos de los procuradores de la moral y de la política

Incorrecto en la política, un exitoso empresario local, el alcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández es víctima diaria de la aplicación política de un código disciplinario autoritario hecho por políticos disque liberales.

El “pobre alcalde” sufre tanto por semejante persecución como los ciudadanos pobres sufren la aplicación callejera de un código nacional de Policía hecho por policías formados en la escuela General Santander.

Llegó de afuera de los cuarteles de la política, pero conocía a todos los actores en su verdadera sustancia y en todas sus formas. Los trata con crudeza, y de frente se opone a todos sus alfiles en la administración local.

Hoy todos los políticos en Santander hacen fuerza y ruegan a sus santos para que Fernando Carrillo lo expulse de por vida de la política con otra sanción ejemplar, pero hasta ahora se ha sabido sostener sin ceder a las exigencias de los barones de la política que lo asedian insistentemente.

De ser un exitoso empresario de la construcción de vivienda de estratos medios y bajos “El Ingeniero” sabe que si la PGN lo sanciona por decir con crudeza las verdades que todos saben pero que todos callan, saldrá en hombros del edificio del parque Garcia Rovira cargado por el electorado rebelde de Santander.

Terminará “poniendo” alcaldes de Bucaramanga y de los otros municipios del Área Metropolitana y de importantes municipios de su Departamento; elegirá concejos y asamblea y se proyectará como un personaje nacional con discurso propio y peso suficiente para pasar por la “Cuerda Floja” de la política colombiana sin caerse de verdad y llamado por todos para que los apoye en la contienda del 2022.

“Rodolfo”, como lo llaman sus paisanos, ahora se tambalea en medio del asedio de Fernando Carrillo y de sus procuradores delegados que le abren investigaciones por su incorrección política y social, lo suspenden y condenan sin éxito momentáneo, pero que no desfallecen en su causa contra uno de los alcaldes más apreciados y reconocidos de Colombia.

En los círculos tradicionales de las élites sociales de su ciudad cuestionan su lenguaje crudo, directo, brusco, seco, sarcástico y escatológico. Pero muy a pesar de sus escrúpulos estéticos, le agradecen el sacar de la política las feas prácticas de los nuevos señores de la mal oliente política santanderiana. A Hernández le reconocen los duros esfuerzos que ha debido hacer al pretender construir una arquitectura social sana en ese pesado círculo de los políticos en Bucaramanga.

Hernández quien pasa por un lenguaje crudo y ácido hasta por un manotazo en la nuca a un provocador y ofensivo promotor musical, empresario de artistas revestido del traje desacreditado de concejal, debe sufrir el asedio disciplinario de los amigos y familiares de Horacio Serpa y de sus áulicos que buscan a toda costa y a todo costo eliminarlo de la arena de la política local.

Ese concejal provocador y muy seguramente premeditado artífice del grotesco bochinche, logra sacar de sus casillas al incorregible Rodolfo sacudiendo sus manos en el rostro alterado del burgomaestre bumangues acorralado en su despacho entre varias cámaras de video y audio que lo seguían como alma en pena.

El artístico concejal armado con el más mortífero instrumento de la política actual, se refiere a su hombría testicular y a sus discursos “excrementales” para ejecutar una bien calculada y grotesca provocación y desafío personal que debía servir para arrodillarlo y para que le diera su importante apoyo político y personal.

El arisco alcalde, el insobornable outsider del tinglado de la penalizada política santanderiana, se mantiene aún sin caerse en los precipicios disciplinarios y judiciales en medio de lúcidos y experimentado abogados y con la fuerza de sus propios alegatos mediáticos que le abren espacio político suficiente para resistir cualquier sanción que la quiera imponer el equipo de la poderosa PGN.

El ahora débil entorno político tradicional de Bucaramanga espera el auxilio del enraizado Carrillo para sacar de un tajo al contundente Rodolfo Hernández Suárez de todas las causas de la política y para llevarlo a los hornos crematorios de su bien experimentado negocio.

Ya se mueve como vedette radial y televisiva y atiende entrevistas en Bogotá y Miami como una naciente estrella de la nueva política colombiana cada vez más agresiva y grotesca. Hernández no se deja caer y al parecer espera salir avante del trance en el que se metió y pasar los tragos amargos de sus causas.

No separa sus padecimientos políticos de su tríptico Lógica, Ética y Estética y se prepara para salir airoso de sus ásperas provocaciones. Para él todo golpe de sus contradictores es un éxito político más; por ello se separó de su inicial compañero Jorge Figueroa Clausen y con certeza espera que sus ataques lo fortalezcan para ser el árbitro que defina el nombre del futuro alcalde de su ciudad.

Hernández ya dejó su huella en la historia de la política con un firme sello de rebeldía, inconformismo y progresismo insospechado hasta por sus iniciales promotores.

Plinio Rico

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